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jueves, 5 de enero de 2012

Archivo de Escrituras Cotidianas del Museo Etnografico de Terque en Interviu

Toda la vida a una carta

Fecha: 29/12/2011 Texto: José Carlos Castaño / Fotos: Sergio Caro 

En la era de los 140 caracteres, de los que escriben poco, rápido y, muchas veces, mal, todavía hay quien conserva sus cartas de amor de otro siglo, las notas de condolencia o las peticiones a los Reyes Magos. Son reliquias manuscritas custodiadas durante décadas en viejas latas de galletas o entre la ropa tiesa del armario. Tienen el remite desgastado y el olor reseco de la historia. Porque eso son estos papeles, historia 


Mari Lola Crespo-López recibió en 1938 una carta de su tío preso en la cárcel de Valencia
Mari Lola Crespo-López recibió en 1938 una carta de su tío preso en la cárcel de Valencia, donde se alegraba de que tuviesen “un marrano y una chota”.

 
Mari Carmen Navarro quería mucho a los Reyes Magos. En su mirada profunda y diminuta se refleja la intensidad de la víspera de Reyes. En 1959 escribía: “Mis queridos Reyes Magos de Oriente, os pido un impermeable unas botas del número 34, un balón, un bebe, una cartera de cremayera y una cocinica, y para mi abuelita un bote de agua de colonia y como a mi cocinera me da lastima que lleve la rebeca rota pues si quereis la traeis pero que sea negra (...) y también ya sabeis que hay niños muy malos y dicen que los Reyes son los padres pues no les lleveis juguetes” (sic).
Y si había alguna duda, Amalia Yebra, en 1899, se mostraba más escueta pero expeditiva. “Voy al Colegio de la Compañía de María y quiero que me traigáis una muñeca de china, una caja de dulce y u cabá. Deseo que me traigan todo lo que les pido”. El hábito de la carta manuscrita era frecuente hasta hace muy poco. Todo el mundo se confesaba a través de una carta. Confesaba su amor, su desidia, su condolencia, su afecto o sus cuentas. También se estilaba el telegrama, por su distinción y su premura, pero la mayoría usaban papel y lápiz. Con la llegada masiva del teléfono en los años setenta, esa costumbre desapareció y el universo se concentró entonces en las colas de las centralitas. Hoy, con las redes sociales y las aplicaciones para los smartphones, esta costumbre epistolar de antes parece salida del alma.

En el Archivo de las Escrituras Cotidianas del Museo Etnográfico de Terque, en Almería, tienen recopilados más de 10.000 documentos manuscritos. Hay cartas de 1881 donde Adolfo Rittwagen escribía a su hermana para maldecir la invasión de la filoxera. O las que cuentan la llegada del cine sonoro a Granada en 1930. O las que explican ese mismo año la alegría de quien ha comprado la primera caja de tabaco con cigarrillos Capstan.

Fuente: Revista Interviu
Reportaje completo en la revista interviú.

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