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miércoles, 5 de diciembre de 2012

Cometas en el cielo


 Una nueva pieza de la exposición 
el Juguete Tradicional y Artesanal  en la provincia de Almería

Cueva de San José. Terque
del 15 de Diciembre al 30 de Junio de 2013 



4. Volar Cometas  


Volar cometas en la Era del Pingurucho o en las Eras del Calvario era uno de los juegos preferidos de los niños de Terque. Emilio Martínez Porras (Terque, 1920) cuenta como en las tardes de febrero, marzo y abril cuando levantaba el aire se podía ver lanzar las cometas a los muchachos, ya que éste fue un juego, sobre todo, de niños.
Se hacían cometas con formas distintas: “la Bacalá” que recordaba la forma de este salazón, “la Luna”, el Barrilete” con forma de barril, “la Estrella”, o “el Chucho” la más sencilla de todas, que carecía del marco de caña... Las cometas las fabricaban los propios niños. El armazón o “marco” se hacía de cañas partidas por la mitad y atadas con guita. Sobre él, se pegaban papeles de colores o trozos de periódicos con una masilla hecha de harina de trigo. En los bordes exteriores se ponían los flecos del mismo papel, para que hiciesen ruido al moverse la cometa. En su parte inferior se ponía el “rabo” hecho de tomiza o cuerda de esparto, a la que se le ataban pedazos de trapos viejos. Los trapos hacían de contrapeso para mantenerla en el aire. Cuando hacía mucho viento se le añadían pañuelos para evitar que diera vueltas y cayera al suelo.
Tres cuerdas de guita atadas a tres puntos de la cometa se unían en una, que se prolongaba en un largo ovillo liado a un palo, para evitar perderla. El que tenía más cuerda podía hacerla volar más alto. Al caer se partían con facilidad rompiéndose las cañas o el papel.
Paca Romero Romero (Alhabia, 1938-) cuenta como cuando la cometa iniciaba su caída, los niños gritaban “chúpala”, y se tiraba de la cuerda. También recuerda como su amiga María Cirera le prestaba para fabricar cometas manojos de tomiza que su padre tenía preparados para atar las cañas con los que iba a construir un tejado.




Este juego infantil, aparentemente inofensivo, fue prohibido a nuestros antepasados en varias ocasiones. En 1801, el Ayuntamiento de Almería acordaba que
” ...habiendo acreditado la experiencia que la diversión de cometas en este pueblo a pasado a un abuso pernicioso que perjudica la tranquilidad, y sosiego que es devido a todo vecino para el reposo del público, y que por otra parte la poca atención de los muchachos y niños, puede conducirles a precipitarse a la calle desde azoteas subiendose para remontarlas, haviendose arrojado algunos al saltar de la una a la otra calle para hacerlo. No deviendose tolerar que un precioso plantel de la sociedad se desgracie por una diversión tan arriesgada. Su señoria dixo se prohibe … a toda clase de personas que puedan remontar cometas algunas, pena a los nobles de cincuenta ducados y un mes de arresto en su casa y a los plebeyos de veinte y cinco ducados y un mes de carcel”.
La cosa no quedó aquí. En la navidad de 1924, el alcalde de la capital, González Egea, publica otro bando en el con multas de cinco a cincuenta pesetas, prohíbe:
“… la elevación de cometas por los perjuicios que con ello se ocasionan a las líneas telefónicas y a las que conducen la energía eléctrica”.
Emilio Martínez recordaba como las cometas se enganchaban en ocasiones en los cables de la luz, provocando averías que necesitaban la intervención del electricista.




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