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domingo, 15 de noviembre de 2015

Hoy en el Ideal entrevista a Alejandro Buendía. Director de los Museos de Terque

Entrevista a  Alejandro Buendía Muñoz
Enfermero. Director de los Museos de Terque

JOSE MARÍA GRANADOS
IDEAL. 15 Noviembre 2015. ALMERÍA



Hay gente que se ha emocionado al ver un objeto que exponemos y que desconocen que lo hemos rescatado del contenedor de basura

“Cuando llegué a Terque no existía ni consultorio y alquilé una habitación en la casa cueva de la señora Encarna la del Guarda”

“Hay  conocimientos que no aparecen en los libros, sino que están en las cabezas, en las manos y que se transmiten de padres a hijos,  de  maestros artesanos a sus aprendices. Eso es lo que podíamos llamar la otra cultura inmaterial”

“Almería tiene desaprovechada su propia historia. ¿Dónde está por ejemplo el Museo de la  Minería? ¿El Museo de la Seda? …”

El de 1962 fue un año para la historia aunque en Socuéllamos (Ciudad Real) patria chica de Alejandro Buendía, no había pasado nada que mereciera portadas de la prensa de entonces desde que seis años antes nacieran las cuatrillizas Nieto y que repetían imagen en el papel cuché de las revistas de la época con motivo de su escolarización en una añada en la que, a nivel local, nacieron los pintores Julián Sarrión y Sagrario Montalbán Bastos al tiempo que la UD Socuéllamos, militante de Regional, ascendió al finalizar la temporada a Tercera División nacional, todo un hito. Nuestro personaje también vio la luz en esa tierra manchega a la que, en el anuario, llegaron noticias como los fallecimientos de Juan Belmonte, Marilyn Monroe y Diego Martínez Barrio, presidente de la República Española en el exilio; informaciones sobre la crisis de los misiles de Cuba, la edición de ‘Love Me Do’, el primer single de The Beatles, la boda de Juan Carlos y Sofía, los tres giros completos a la tierra de John Glenn y la felicidad de los vecinos de Ciudad Real afortunados ese año con el ‘Gordo’ de Navidad. Ocho años estuvo Alejandro en su pueblo antes de trasladarse a Paterna (Valencia).
A Almería llegó, en 1984, un año en el que en la provincia se consolidó el poder del PSOE que tras haber ganado el gobierno de la Diputación adquiere un papel protagonista en la privatización del periódico local que había sido el órgano del Movimiento. Es también el año del estreno de la película ‘El Caso Almería’ y de la inauguración, en Calar Alto, del telescopio más grande de Europa, todo un acontecimiento en una provincia en la que todavía faltaban por cubrir muchos servicios básicos: “Me dieron la  plaza de practicante de Terque-Bentarique y me tiré cuatro años en el pueblo. Cuando llegué no existía ni consultorio y alquilé una habitación en la casa cueva de la señora Encarna la del Guarda. Me encontré inmerso en medio de la vida rural y he de reconocer que aquello me gustó. Las visitas las recibía en el comedor de la casa. Las jeringuillas había que hervirlas y las primeras desechables las compraba con mi dinero cuando bajaba a la capital. Ahora pienso en ello y me sigo preguntando por qué nos mandaban de esa manera a los pueblos”.
-No dudo de que, pese a todo, a usted le gustaba todo eso.
-Me gustaba el pueblo y el haber vuelto a sentirme parte de una comunidad. Además, me eché novia y eso terminó por ambientarme en Terque, a hacerlo mío, a sentirme cada día más terqueño. Lourdes era la hija de los panaderos del pueblo y mi suegra miraba por mí. Me sentía como si hubiera estado allí toda la vida.
-¿De Valencia a Terque qué notó que abandonaba?
-Se junta todo. Los recuerdos de Valencia, donde había vivido, estudiado y trabajado; el pueblo, al que llegué y empezó a chocarme aunque me enamoré de su paisaje, de los parrales que estaban en todo lo suyo, con ese manto verde de las parras que tanto me relajaba. Eran todavía los años de la producción uvera, de la faena, de las mujeres trabajando en los almacenes… A la llegada podía echar de menos a los amigos ya la familia, pero el pueblo empezó a ser familiar y además conocí a Lourdes y me integré no solo en Terque, sino en toda la comarca. Los veranos íbamos de pueblo en pueblo, nos empapábamos de las fiestas. Además, Almería capital estaba cerca y también podíamos disfrutar lo que se nos ofrecía la capital, que se cruzaba también en un ratillo. Cuando llegué de Valencia una de las cosas que más me impresionaron fue el cambio de paisaje, o de los paisajes porque Almería tiene muchos y muy bonitos.

-Recupera su pueblo en el día a día y luego lo deja para irse a la capital, como tantos otros
-Después de cuatro años tenía ganas de trabajar en un Hospital. Se presentó la oportunidad y me vine en 1989 al  Hospital Torrecárdenas, luego estuve también en el Hospital Provincial. A mí lo que más me gusta es ser enfermero porque la profesión te da muchas satisfacciones. Ayudar a alguien que en un momento determinado lo pasa mal no tiene precio. Es un trabajo muy gratificante. Y todavía mucho más si alguna vez has estado al otro lado de la enfermedad.
-¿Es esa parte humana la que le hace mirar también los valores de la gente y su cultura?
-He valorado mucho la cultura en la gente sencilla; el valor del saber desde abajo. Me he fijado siempre en los agricultores en los artesanos, en su importancia, en cómo hacen las cosas de una manera tan natural y sencilla, el conocimiento que alcanzan sobre las cosas. A nosotros hoy nos cierran las tiendas y no sabemos hacer nada.  La gente sencilla del campo, siempre  saben defenderse en la vida y en eso me he fijado siempre. Valoro su destreza, su habilidad y el que saben producir.
-Vamos, que usted aprende más de la gente que de los libros
-Se aprende en todos lados, pero hay  conocimientos que no aparecen en los libros, sino que están en las cabezas, en las manos y que se transmiten de padres a hijos,  de maestros artesanos a aprendices. Eso es lo que podíamos llamar la otra cultura inmaterial.
-Ahora entiendo un poco mejor el poder admirar lo que ha hecho en Terque
-Yo no he hecho nada solo. La gente de Terque, su Ayuntamiento, son los  que se han implicado y el compromiso ha llegado a toda la comarca. Recuerdo que a mi llegada se celebró la primera semana cultural y que me puse a trabajar con ellos. Se hicieron actividades y la Diputación  nos trajo una exposición de fotografía de Falces y hubo teatro de títeres. Eso fue el comienzo.
-Un comienzo sin final, porque en los museos de Terque aún hay mucha tela por cortar
-Siempre surgen cosas nuevas. Recuerdo que un año, con motivo de las fiestas, se hizo una exposición de fotografías en un local del Ayuntamiento y de ahí surgió la idea de realizar exposiciones temáticas. Empiezan a plantearse ideas. Se habla de una exposición sobre la historia de las escuelas y empieza a participar la gente con material, libros, lápices… Mi suegro cerró la panadería y se nos ocurrió conservar lo que había. Empieza a llenar una habitación, dos, tres y todo se va complicando, empieza a crecer. Es un proceso muy desde dentro, con mucha participación popular y con el apoyo del Ayuntamiento. Es el pueblo el que participa y te lleva.
-¿Y qué los diferencia del resto?
-Los museos de Terque no son fruto de una actuación medida. No es que se ha dado una subvención y se ha gastado en hacer una sala o un museo. De haberse hecho así posiblemente no tendría futuro porque se haría un plan que terminaría en años. El éxito está en trabajar sin descanso, en que haya un grupo de personas que crean que un museo debe ser algo vivo, que es algo más que abrir puertas para enseñar los objetos que contiene. Hay que darle una actividad continua. Un centro dinamizador de la cultura y el turismo.
-Eso parece que lo han entendido los vecinos. ¿Y los visitantes?
-En principio era todo muy local, pero la verdad es que se  ha ido mucho más allá. Ahora nos llegan cosas de toda la provincia,  de gente que nos conoce, y que quieren  que sus objetos y recuerdos  se sigan conservando aquí. Hay una baza muy importante, la de la nostalgia y los objetos son herramientas que avivan ese sentimiento, emocionan porque forman parte de la vida de alguien y son populares porque muchas personas los han tenido en su época y hay historias que conmueven y situaciones cotidianas que se repiten por todos los que han vivido esa época. Ese es el éxito de los museos y de lo que contienen: cosas sudadas. La gente se emociona porque ve cosas que han formado parte de su vida o de la de su familia.
-¿Y en los museos  convencionales?
-Son otra cosa. Desde luego que tienen enorme importancia, los museos  de arte, los arqueológicos, pero a mucha gente no le dicen nada propio. Son de  un gran valor histórico pero  no transmiten de  la misma forma. Cada cosa en su lugar. En Terque más que un guiño lo que hacemos es una mirada a la historia más cercana, a la del hombre de este tiempo, a esas dos, tres, cuatro generaciones que han compartido la vida, las tradiciones, los objetos o que, al menos, han oído hablar de ellos. Esas personas reconocen el valor de lo cotidiano.
-A la vista está lo que han recuperado o incluso salvado pero ¿han llegado tarde a algo?
-A muchas cosas. En ocasiones porque no nos hemos enterado y otras por falta de medios, de personal. A lo último que hemos accedido ha sido a la antigua tienda de Segura en la Puerta de Purchena. Nos llamaron para decirnos que teníamos tres días para sacar lo que quisiéramos, que entregaban las llaves. Y no hemos podido con todo, no había tiempo. Pudimos recoger dos o tres estanterías, los cristales de la puerta, los archivos de la empresa y mucho género. De un simple vistazo creo que podemos hacer una bonita exposición  hasta de botones, por ejemplo.
-¿Cuándo se podrá ver?
-De momento tenemos todo almacenado. Ahora hay que seleccionar. Seguiremos el mismo procedimiento que con otras cosas, como hicimos con la oficina de la empresa consignataria de buques de los Berjón, la farmacia de Sánchez Yebra, la tienda de tejidos La Modernista, o la Escuela… Todo dependerá del tiempo que podamos dedicar. Todos cuantos trabajamos en ello somos voluntarios.

-¿Tiene un rincón especial, eso que se llama ojito derecho?
-Todos cuantos estamos metidos en esto lo vemos de una manera global, pero siempre hay un detalle que se queda más presente. No sabría decir, pero en Museo de la Escritura Popular, en su conjunto, me hace pensar. Como espacio es único en España con esas características y a través de su contenido se accede a historias muy personales. En cuatro líneas una carta puede dar idea de la situación de una persona, de un pueblo. Hay una de 1914 que recoge el sentir de la emigración y que termina con la reflexión de que al ritmo que va la única compañía que se pueda encontrar en el pueblo sea el olmo de la plaza. Hay otra de 1830, una carta de amor que expone una relación. Son impresionantes no ya los contenidos, sino esos gestos de conservar las cartas. De darle ese valor y no destruirlas.
-¿Seguirá creciendo el espacio museístico de Terque?
- Hay más cosas en los almacenes que en los museos expuestas. Todo se conserva, se ve, se estudia. Seguimos haciendo exposiciones  temporales en la Cueva de San José. Si no se hacen más cosas es porque no hay apoyo. Los recortes han impedido ayudas para determinadas cosas por parte de distintas instituciones. Ojalá pudiéramos hacer convenios con la Junta y al Diputación y llegar a programar cosas especiales. Ha habido momentos en los que había, pero sin continuidad. La red de Museos de la Consejería de Cultura lleva tres años sin aportación alguna. No es que nos quejemos, pero hay muchas necesidades de conservación, mantenimiento, equipamiento… Hay piezas que necesitan restauración.
-¿Cuántos visitantes tienen?
- Desde 2002 no ha habido un fin de semana en el que los visitantes  hayan encontrado las puertas cerradas. Siempre hemos crecido en visitantes y el último año superamos los cinco mil. También hay acontecimientos especiales, como la jornada de oficios antiguos que atrae a miles de personas en un solo día.
-¿Algún consejo a quienes deciden?
-Solamente que miren a  su alrededor y vean lo que se puede conservar; que no vuelvan a desaprovechar, en un futuro, lo que se despreció en el pasado. Almería tiene desaprovechada su propia historia. ¿Dónde está por ejemplo el Museo de la  Minería? ¿Y el de la Seda? Hay que aprovechar mucho más lo que tenemos, lo que hacemos, nuestro patrimonio.





FICHA. Está claro que su origen manchego le ha dado rasgos de Quijote, aunque a la hora de hablar, en plena conversación, se le note más del lado de Sancho por ese aire de cordura que escapa de sus palabras. No obstante es una mezcla de ambos y hasta tiene Dulcinea que no es del Toboso, sino de Terque, y una historia que algún día  alguien se animará a dejar escrita a modo de libro. El Mediterráneo le ha dado vuelta y vuelta, que es lo que suele hacer con su fauna humana, al menos con la que está dispuesta a aportar.



CONFESIÓN: “La mayor satisfacción es poder seguir esta aventura y observar cada día las reacciones de quienes ven su vida o la de su familia reflejada en lo que hacemos. Ha habido personas que al visitar los museos de Terque se han sentido parte de lo que han visto en ellos. Gentes a las que se les han abierto los recuerdos y se han emocionado con lo que han podido ver en ellos sin detectar que lo que les produce esa emoción lo hemos rescatado del contenedor de la basura. Todo lo que está aquí estaba destinado a la desaparición y al rescatarlo hemos conseguido recuperar el recuerdo de muchas personas. No es ningún mérito. Hay que tener una idea, seguirla y no hacer caso de los recelos que se puedan plantear. El tiempo se encarga de todo y si antes todos querían tener su propio museo ahora entienden que toda la comarca se beneficia de lo que se hace en Terque. En los inicios decían que me estaba llevando las cosas de su pueblo pero entendieron que no me llevaba nada, que si no lo recogía, se perdía. Nada hubiera sido posible sin la generosidad de la gente de la comarca, sin el apoyo a  las actividades, sin la renuncia a espacios colectivos, como el salón social donde ahora está el Museo Provincial de la Uva de Barco y la tienda de tejidos La Modernista, sin el entusiasmo de los voluntarios. La importancia es subjetiva. Cada persona le puede dar la que considere, pero si hay algo que puede medirla eso es el crecimiento del número de visitantes, las aportaciones que nos llegan, las llamadas que recibimos y, muy especialmente, los sueños y recuerdos que provoca el contacto con estas cosas que conocimos porque las vivimos directamente o no las contaron encasa”.

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