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viernes, 19 de agosto de 2016

Piezas y fotografías de los Museos protagonista en La Voz deAlmería

 El Museo Etnográfico de Terque ha colaborado con dos artículos de su director Alejandro Buendía, en el especial de la Fería de Almería, publicado hoy 19 de Agosto.




 Las Carreras de Cintas.  Feria de Almería 1902

Alejandro Buendía Muñoz. Director  de los Museos de Terque

Amalia y Ángeles Paniagua Porras, bordaron sus cintas en rosa y en oro. Había que llevarlas pronto, al establecimiento  “Tejidos Filipinas” de los Hermanos Batlles, en la calle Real. Allí, los primorosos trabajos, serían expuestos en sus escaparates hasta el día de la carrera. Era el verano de 1902, las jóvenes de la burguesía Almeriense se afanaban en bordar y pintar sus cintas. Sus nombres, sus iniciales se adornaban junto al escudo de Almería, flores o pájaros. Conforme se recibían las cintas, la comisión  fue repartiendo las invitaciones a los palcos entre las muchachas.
Los Hermanos Paniagua Porras estaban dispuestos a no pasar desapercibidos en aquella feria. Pepe, con un magnifico traje de jockey saldría de caballista en la carrera de cintas. Julio, preparó su traje corto de torero, pues sería uno de los dos valientes matadores de la novillada. Las hermanas Paniagua, como el resto de las muchachas, ataviadas con madroños, blondas blancas y mantillas, adornaban con flores su pecho y cabellos. Enrique preparado con su cámara, para inmortalizar aquella tarde.
El Círculo Mercantil y la Sociedad de Sport “La Montaña” se afanaban en preparar algunos de los actos que animarían el programa de fiestas, entre ellos, la tarde de la tradicional Carrera de Cintas y la Novillada. La  Montaña, llevaba años impulsando esta becerrada de aficionados y el  torneo de cintas, en las que participaban caballistas y ciclistas. Aquel año, las casetas de los Feriantes se habían instalado en la parte baja del Paseo junto la plaza Circular, quedando la parte alta para el paseo de los transeúntes.
Eran las tres de la tarde del día 28 de Agosto, la Plaza de Toros rebosaba colorido y alegría. Abierta a todo el público, fue el acontecimiento más popular de la feria, una oportunidad para los más humildes de incorporarse a la fiesta. La aglomeración en palcos y tendidos fue tal, que muchas familias se tuvieron que quedar en la calle. Hora tan calurosa, solo se remediaba con una plaza cubierta de gorras, sombreros y sombrillas.
En el centro del redondel, se dispuso un precioso y elegante escudo de Almería, realizado con serrín de corcho  de colores. El corcho, una vez más, no solo servía para  acomodar nuestros racimos de uva, en los barriles que viajaban por todo el mundo, sino que fue utilizado como materia de ornato dando color al albero del ruedo.

En el palco presidencial, resaltaban con su belleza, las cuatro jóvenes elegidas este año para presidir la fiesta: Juana Cassinello, Ángeles Manzano, María Rocafull y Rosa Maura.
Los ciclistas fueron los primeros en desfilar, compitiendo en recoger las numerosas cintas regalo de las muchachas, colocadas en las barreras.
Siguió la tarde, con la novillada de los cuatro becerros, por los dos matadores aficionados Julio Paniagua y Joaquín Morcillo, con sus correspondientes cuadrillas. No faltaron revolcones, sustos, carreras y escenas cómicas. Como dicen en Almería “los cuerpos muertos” de tanto reír. Julio, desplegó todo su encanto en repertorio de chirigotas y bailoteos, hasta verificar la arriesgada suerte de ”Don Tancredo” con uno de los bichos.

Terminó la fiesta con la carrera de los caballitas, entre los que destacó José Paniagua.
Las cuatro señoritas nombradas para  presidir la fiesta, obsequiaron a los participantes con dulces, cigarros habanos y otros regalos. Más de un empujón se vio entre la chiquillería  por alcanzar los preciados dulces que se lanzaban desde el palco.
 A las 6 ½, terminada la fiesta, el gentío se desplazó hacia el Paseo, con un desfile  por la ciudad de carruajes adornados de flores que llevaban a las bellas señoritas, escoltadas por ciclistas y jinetes.
Julio después de esta tarde de gloría, quedó invitado para repetir en la feria del año siguiente. Enrique, moviéndose entre tendidos y barreras, dejó estas maravillosas fotografías, estos momentos de felicidad.
Las fotografía las conservaba en Madrid, su nieto Enrique Paniagua García y hoy se  guardan digitalizadas en el Museo Etnográfico de Terque.







Mi vestido para la Feria. Almería 1903

Alejandro Buendía Muñoz. Director  de los Museos de Terque

En  pocas ocasiones podemos  documentar la historia de un traje.  La  fecha y la modista que lo realizó, la persona que lo llevó y el motivo para el cual se hizo.  La Modernista.  Espacio dedicado a la  vestimenta y los tejidos del Museo Etnográfico de  Terque cuenta con una pieza excepcional, el vestido que Carolina Yebra Rittwagen lució en los Juegos Florales de la Feria de Almería de 1903. El  traje fue confeccionado por la modista de Almería Francisca Hernández. Vestido de fiesta, realizado en seda de color  marfil, adornado con dibujos y bordados florales, consta de dos piezas: corpiño y falda. Volantes sobre los hombros y mangas  del corpiño. La falda termina en una pequeña cola.

Los Juegos Florales estaban organizados por el Circulo Literario de la ciudad. Aquel año,  el premio  de la Flor Natural quedó desierto, otorgándose tres premios a  diferentes poetas.  El periódico   almeriense “El Radical” daba  noticia de aquel acto celebrado en el Teatro Variedades, -situado en el  solar del actual edificio de Hacienda -y en el cual  participó invitado como mantenedor el escritor Miguel de Unamuno.  “Hermoso aspecto presentaba anoche el teatro Variedades. Pletórico de un público selecto como numeroso. Sobresalían entre la brillante concurrencia y daban una nota de color viva y simpática las mujeres incomparables de esta bendita tierra… Se proclamó reina del Certamen a la lindísima señorita María Jiménez García y damas de la Corte de Honor a otras seis encantadoras criaturas. Carolina Yebra, Carmen Castro, Dolores Company Francisca García, Maravillas Muller y Carlota Gargallo. A poco entre estruendosas salvas de aplausos y a los solemnes acordes de la música aparecieron en el salón la reina, conducida del brazo del mantenedor don Miguel de Unamuno. La reina… seguida de su bellísima corte, ocuparon el escenario que resplandecía por su decoración figurando un jardín fabuloso, diseñado por el admirable profesor y artista, don Joaquín Acosta. Seguidamente se leyeron las tres poesías premiadas. También leyó el señor Alcalde sus cuartillas (y que más valía que no las hubiera leído). Y por fin, entre grandes aplausos, levantóse de su asiento, el insigne pensador señor Unamuno, que pronunció su discurso.  No lo trascribo porque fue tremendamente largo, y en el que trató de la política y la iglesia.”
 
Carolina Yebra Rittwagen  nació en Almería en 1881. Hija del abogado,  propietario y exportador uvero de Terque  Waldo Yebra Alonso y de la malagueña Carolina Rittwagen  Zúñiga,  -también hija de exportadores de uva de Málaga-. Su infancia y juventud trascurrió entre Terque y Almería.  Estudió en el colegio de la Compañía de María. Se casó en   la casa de sus padres de Terque en 1906, con el farmacéutico de Alhabia José Sánchez Vivas. Su vida trascurrió en Alhabia junto a su marido.  La muerte temprana de  éste y la pérdida de la visión, no fueron impedimentos, para que personalmente siguiera al frente de la farmacia y sacara adelante a sus seis hijos. Falleció en 1959.  En 1975, su  hijo, el farmacéutico Francisco Sánchez Yebra, impulsó  la construcción de un monumento  nacional dedicado a la mujer del farmacéutico rural. El escultor fue Santiago de Santiago, quién  reprodujo  en una estatua de alabastro de 1,72 m. de altura  la figura de  Carolina Yebra, representada en su juventud, luciendo  el bello vestido de los Juegos Florales.  Tampoco faltó en su día el retrato con aquel hermoso traje en el fotógrafo de moda en Almería, Victoriano Lucas.




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