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domingo, 28 de mayo de 2017

Vivan los carteros

¡Vivan los carteros! Este sobre lo envié esta semana pasada desde Valencia a Terque.
El objetivo era repetir una vieja costumbre: los sobrescritos en verso.
Gracias a la paciencia y la eficacia de los carteros, llegó a manos de mi suegra, Paca la del Pan, que quedo sorprendida al recibirla.




Aquí os contamos su historia

“Tres cosas ha de explicar / un sobrescrito bien hecho / son: persona, dignidad / y lugar donde va el pliego.” Francisco José de Artiga. 1692
Un sobrescrito se define como el texto que identifica al destinatario en el sobre o en el propio pliego cerrado de la carta.
El trabajo de la Administración de Correos se complicaba en ocasiones por la utilización en las cartas de toda clase de pliegos o con direcciones imprecisas o mal redactadas, que en ocasiones llevaban a la pérdida, devolución o destrucción de las cartas.
A las imprecisiones se sumaban las formas extravagantes de escribir el sobrescrito, en verso, en jeroglíficos o acompañados de dibujos y diferentes tipos de caligrafías. Esta intencionalidad del remitente, pretendía convertir el sobrescrito de su carta en algo diferente, original y atractivo, que nos habla de sentimientos, de complicidad, consideración, amistad o amor.
Estas rarezas no eran muy bien vistas, por el estudioso del Correo, Doctor Thebussem “El sobrescrito es un documento público y no privado; el correo debe imponer e impone una ley… la fachada de un pliego viene a representar lo que la fachada de un edificio, en la cual debe intervenir el beneplácito de la autoridad…” Cada año la Administración tenía que destruir cientos de miles de cartas que no se habían podido entregar por ser indescifrables sus sobrescritos. En algunas solo aparecía el nombre del destinatario, en otras, solo el punto de destino. En 1883 se verificó en Madrid “ la quema de cartas de todas las Administraciones de Correos” Entre ellas había 150.000 cartas de la península y unas 38.000 devueltas del extranjero. (El Serpis. 1883)
Los sobrescritos en verso, fueron populares desde finales del XIX, valgan estos dos ejemplos “No remito esta a Varsovia / a Pekin ni a Santa Fe / ni tampoco es a Cracovia; / sino al Señor Dean de la Catedral de Segovia.“ (La Ilustración Española. 1881) .“Pon cartero, faz risueña / y lleva en un periquete / la carta al numero 7, / en el campo de la Leña. / Ya veras como la empuña / demostrándote su agrado, / mi amigo Manuel Salgado, / que reside en la Coruña.” El Averiguador Universal. Madrid. 1880.

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